Carnaval en Puerto Escondido
El Carnaval en Puerto Escondido es diversión, se trata de participar en ella: disfrazarse, alocarse, ser feliz y bailar por las calles. Después de todo, ¡el Carnaval es una vez al año y todo se vale!
La palabra Carnaval viene del Latín "despedida de la carne", y hace referencia a los cuarenta días de la Cuaresma, período durante el cual el consumo de carne está prohibido para los cristianos y deben vestir sobriamente y abstenerse de celebraciones y regocijo.
Así es que los días previos a la Cuaresma eran la última oportunidad para disfrutar de los placeres de la carne y el Carnaval se convirtió en un periodo de excesos tolerados, abandono despreocupado y condescendencia durante el cual el comportamiento alocado era aceptado como un desfogue natural.
Las galas y adornos coloridos del Carnaval, con sus disparatados disfraces, bailes de máscaras y desfiles, tienen su probable origen en la Venecia del siglo XII. Sin embargo, el uso de máscaras y otros disfraces tiene sus raíces en la antigüedad pagana, donde eran usados como protección contra en mal en tiempos desfavorables, cuando se creía que espíritus malévolos deambulaban alrededor.
Los espectaculares desfiles de samba y disfraces lujosos de Rio son el punto de referencia del Carnaval, pero se pueden encontrar variaciones locales por toda América Latina. En México, la tradición es más fuerte en Mérida, Veracruz, Mazatlán y Cancún. Aquí en Puerto Escondido, el Carnaval fue retomado por el gobierno estatal hace algunos años para impulsar el turismo en la región. Muchas escuelas, universidades y grupos sociales, incluyendo a la comunidad gay de Puerto, han acogido esta celebración, pero aún no toma fuerza. La mayor parte de la gente solo observa de pie, sin participar activamente.
En contraste, al norte de aquí, el Carnaval es una tradición fuerte e intensa, con raíces profundas en las comunidades afro-mestizas y mixtecas de la Costa Chica, que se extiende desde Río Verde hasta el estado de Guerrero, más allá de San Marcos.
En pueblos como San Juan Colorado y Santa María Huazolotitlán, todos se congregan durante los días del Carnaval para ver los bailes tradicionales de máscaras, tales como la Danza de los Tejoneros y la Danza de la Quijada, entre otros. La naturaleza de todos estos bailes es satírica, rompiendo con los tabús sociales y sexuales, apuntando siempre al status quo. Hasta las autoridades locales y los ancianos tienen que soportar, sin quejarse, de las burlas y el escarnio.
Las pantomimas y temas de las danzas pueden parecer ingenuas, pero están llenas de significado para los lugareños, ya que comúnmente aluden a rumores y habladurías de los vecinos, exponiendo pecadillos y hasta llegando a nombrar a personas que se presume cometieron algún crimen.
Muchas de las danzas tradicionales de la región tienen características en común. Una es que sólo los hombres danzan, incluso cuando hay personajes femeninos; otra es la presentación de dos personajes, una pareja, llamados Pancho y Minga. Aunque sus orígenes, características y nombres llegan a variar, siempre se les representa como un rico ganadero y su coqueta esposa. Es común que se representen el robo de ganado y la búsqueda y captura de los malhechores.
En Pinotepa de Don Luis se habla mucho más Mixteco que Español. Durante el Carnaval se representan las danzas más elaboradas: la Danza de las Palomas, la Danza del Tigre y especialmente la Danza de los Tejorones.
Para el Carnaval en San Juan Colorado se representa la Danza de los Tejorones. La música es interpretada por dos violinistas, un guitarrista y dos bateristas.
Santa María Huazolotitlán es muy conocida por su Danza de las Mascaritas. Se cree que data de tiempos de la invasión Francesa. Cuando los franceses fueron repelidos, los indígenas celebraron montando una caricatura grotesca de los franceses, ridiculizando la forma en la que bailaban, su comportamiento y su apariencia. Esta parodia, con sus máscaras rosadas, se convirtió en una tradición regional. Se le conoce como Danza de la Quijada en San Juan Colorado y Danza del Dandy en Jamiltepec.
Estas bulliciosas comunidades indígenas han conservado su identidad y herencia cultural a través de estos bailes y de las técnicas ancestrales de sus artes y oficios. Sin embargo y dado el embate de la cultura de masas global, estas tradiciones se encuentran amenazadas. La mayoría de los ancianos siguen usando su indumentaria tradicional, pero muy pocos entre los jóvenes pueden ser vistos usando un huipil o un pozahuanco. El tiempo para experimentar éstos lugares es ahora!

