Las percepciones de la naturaleza se están
cambiando por el trabajo del iguanario
Para Galo Sánchez Ríos, la conservación de animales es una tarea muy cercana a su corazón y parte fundamental de sus convicciones. Hace doce años que emprendió la aventura de establecer un iguanario en Barra de Navidad, Oaxaca, ubicado a unos 15 min. al sureste de Puerto, sobre la carretera costera 200.
El iguanario comenzó como un proyecto comunitario, donde todos en el pueblo colaborarían para ponerlo en marcha y sostenerlo. Desgraciadamente, los desacuerdos y el desinterés surgieron entre los pobladores, y el iguanario acabó siendo un proyecto personal de Galo. Con el paso de los años, además de iguanas comenzó a albergar a cocodrilos, cotorros, guacamayas y varias especies de serpientes.
Culturalmente, los pobladores de Barra de Navidad ven en la fauna local una fuente de alimento, muchas veces ocasionado por la necesidad. Galo relata que en su infancia llegó a consumir iguana, tortuga, huevos de tortuga, venados... su abuelo incluso llegó a cazar tigres, los cuales son tan raros en la actualidad que hay muy pocos que creen que éstas historias sean reales.
Con el paso del tiempo, y al darse cuenta que aquellas especies tan abundantes hace algunos años empezaban a escasear, Galo sintió que era su responsabilidad regresar un poco de lo que había consumido y cazado a la naturaleza, y la manera de hacerlo sería luchando por la conservación de las especias locales.
Ahora es un vehemente vocero de su comunidad en contra de la caza y consumo de animales. En todo caso, considera, el consumo debería hacerse de manera racional, y comenta con tristeza que muchas veces se caza a iguanas hembras cargadas, ya que según la creencia popular el consumo de la hueva de iguana tiene propiedades que aumentan la virilidad y la fecundidad.
Al hablar con los demás pobladores de Barra de Navidad, les aconseja cazar iguanas macho, que al ser más grandes se les puede aprovechar más al momento de consumirlas, en vez de una hembra cargada.
En su afán de concientizar a la población, Galo se ha dado cuenta de que la manera más efectiva de hacer ésto es hablando directamente a los niños. A través de pláticas en las escuelas y de recorridos que ofrece a los niños en su iguanario, Galo a logrado hacer que los niños, por sí mismos, valoren la conservación de las especies animales locales. Ya una vez convencidos, los niños regresan a casa y tratan éstos temas con sus padres.
Si Galo se dedicara a hablar directamente a los adultos no tendría tanto éxito como con los niños al hablar de los mismos temas. Ahora los niños, en vez de perseguir y lastimar a los animales con una resortera, los protegen. Si encuentran animales lastimados, los niños tienen la costumbre de llevárselos a Galo.
Para Galo, la labor de conservación y concientización es un placer. Jamás ha sido su intención obtener remuneración alguna por su trabajo. Su iguanario se mantiene a base de donativos voluntarios, la idea de cobrar el acceso al mismo nunca ha cruzado por su cabeza. Lo que lo mueve a seguir adelante es el poder hacer algo por la naturaleza y fomentar en las nuevas generaciones el amor que el tiene por la naturaleza y su riqueza. En este sentido, lamenta que la mayoría de los visitantes que llegan a su iguanario sean extranjeros. Ellos muestran un verdadero interés y valoran su labor, algo que es difícil de encontrar en los visitantes nacionales y en los mismos pobladores de la zona.
Los donativos que Galo llega a recibir no se limitan a dinero. Está muy agradecido con varias personas y negocios en particular, que de alguna manera colaboran con su labor, como la pollería Karen y la frutería Reinita, que de manera desinteresada le proporcionan frutas y retazos de pollo para alimentar a los animales, o los servicios médicos sin costo que el Veterinario Javier Beltrán, de la Clínica Veterinaria Puerto Escondido proporciona a los animales que necesitan atención especializada. También agradece al hotel Arcoiris, que proporciona hospedaje por algunos días sin cargo a colaboradores que llegan a trabajar con el. Galo menciona con especial cariño la colaboración de Josie Smith, quien en vida mostró mucho interés y apoyo por el proyecto de Galo, y que al fallecer dejó establecido un fondo para proporcionarle unos cuadernillos informativos y con actividades que se distribuyen entre los niños que visitan el iguanario.
El afán de divulgación de conocimientos de Galo lo ha llevado a colaborar con varios estudiantes en sus proyectos de tesis, maestrías e incluso un doctorado. Además, ha recorrido y colaborado varias veces con escuelas, en su propia comunidad y en las vecinas. Hay quien llega a buscar a Galo como fuente de conocimientos, pero también cuentan con el para dar refugio a animales decomisados por la PROFEPA o la Policía Federal, pero también para animales enfermos o lastimados encontrados en los alrededores.
La atención a los animales ya es parte de su rituna diaria. Durante años se dedicó a recoger huevos de tortuga, para incubarlos en un lugar protegido, liberando después a las crías. Galo estima que ha liberado cerca de 40,000 tortugas. Ahora sólo lo hace con cocodrilos. Incuba los huevos en su refugio y conserva las crías hasta que tienen un año de edad para después regresarlos a su hábitat natural, habiendo liberado ya 1,256 crías.
La labor de Galo ha contagiado a su familia entera. Sus hijos conviven diariamente con los animales, y los atienden con el mismo cariño y convicción que su padre. Galo se siente agradecido con la vida por tener la oportunidad de ver crecer a una nueva generación consciente y respetuosa de la vida que los rodea. Ésa certeza es una recompensa invaluable para el.

