Una visita al mercado siempre es un placer



He visto las cosas que le han traído al Rey desde la nueva tierra del oro... un sol de oro macizo... y una luna llena de plata maciza también... armas maravillosas... vestiduras extrañas... y toda clase de objetos sorprendentes para diversos usos... en toda mi vida no he visto nada que me haya alegrado tanto el corazón como estas cosas, pues he visto allí obras de arte maravillosas y he quedado admirado por el ingenio sutil de los hombres de países extraños.
ESTAS PALABRAS fueron escritas en 1520 por el gran artista alemán Alberto Durero. La nueva tierra del oro era México; las maravillas que describió fueron los regalos que el emperador Moctezuma obsequió a Hernán Cortés, quien los envió al Rey de España.
Bernal Díaz del Castillo marchó junto a Cortés e intentó describir en su libro, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, las maravillas del gran mercado de Tlatelolco tal cual lo vio en 1519. Su lista de magníficas mercancías abarca un buen número de páginas.
En México, y especialmente en Oaxaca, una visita al mercado todavía es un placer, y puede llegar a ser una pausa inesperada y llena de riqueza y textura durante sus vacaciones. En el mercado encontrará el pulso de Oaxaca, es su alma y el lazo que lo une con su antiguo pasado. En el mundo es cada vez más frecuente que el ir de compras implique grandes supermercados, centros comerciales y puntos de venta impersonales donde el consumidor tiene poco contacto con quienes venden, y los vendedores prácticamente no tienen contacto con aquellos que producen, y vice versa.
El ir de compras al mercado en Oaxaca, y el propio mercado, poseen culturas propias. Dentro del mercado encontramos la compleja subcultura interna de los comerciantes, en donde la proximidad y los intereses en común generan una amistosa competencia y en ocasiones una rivalidad no tan amigable.
El turista también tiene su lugar dentro de ésta cultura, y se espera que siga algunas reglas. En general los precios son un poco más altos para los turistas, pero el regateo es aceptado y forma parte del juego. Una regla importante es asegurarse de pedir permiso antes de tomar fotos, no porque la gente tenga miedos supersticiosos a los retratos, sino porque es una cortesía acostumbrada.
Para los no iniciados, el mercado de Oaxaca puede parecer un lugar más bullicioso, emocionante y confuso que el piso de un mercado de valores. Una de las cosas más emocionantes al comprar aquí es escuchar la sinfonía de voces, dialectos e idiomas, y ver el caleidoscopio vivo de imágenes, colores y escenas.
No importa cuántos mercados visite, siempre encontrará algo nuevo que ver, oler, escuchar, saborear o aprender.
El mercado Benito Juárez de Puerto Escondido es un típico mercado mexicano, aunque tal vez tenga sea un poco más ordenado que la mayoría. El mercado original de Puerto se encontraba muy cerca de la Av. Oaxaca, sobre la Calle 1a. Norte, en lo que ahora se conoce como Parque del Idilio. Hace veinte años cambió de domicilio, alejándose siete cuadras del centro, hacia el aparentemente enorme edificio Benito Juárez.
Sin embargo, al crecer la ciudad, este mercado resultó inadecuado para cubrir las necesidades de una población, local y visitante, en rápida expansión. En 1998 se agregó un moderno anexo, y el mercado ahora se extiende sobre una cuadra completa, rodeada por las calles 8va. Norte, 4ta. Oeste y 3ra. Este.
El mercado está abierto todos los días, pero los miércoles y sábados son los días en que los proveedores de todo el estado, y de fuera, llegan con sus productos frescos. El mercado está más atestado en estos días, y las calles aledañas se congestionan con vendedores ambulantes que venden una cantidad de productos que usted ni siquiera sabía que necesitaba. La nueva estructura del mercado, ventilada y de altos techos abovedados, es el lugar indicado para comprar sus alimentos: locales ordenados en largos corredores con frutas y vegetales prolijamente apilados en un mosaico de formas y texturas, representando una paleta con todos los colores imaginables, además de secciones de carnes, pescados, quesos, y productos horneados. Uno de los corredores está dedicado a los jugos frescos y licuados, donde el vendedor le puede preparar una mezcla nutritiva, terapéutica o simplemente deliciosa, según su gusto. El corredor de las flores es un glorioso festín para los sentidos. No podrá pasar por alto los corredores de productos regionales. Aquí podrá encontrar cualquier cosa, desde huevos de rancho (de color café), semillas de girasol, frijoles, cangrejo seco, ajo, chocolate, moles, hierbas y plantas medicinales hasta carbón, hojas de plátano para preparar tamales, metates para moler el maíz y molcajetes para mezcal salsas. También hay una sección de pequeños restaurantes que sirven comida excepcionalmente buena y con los precios más bajos de la ciudad.
El viejo mercado original también tiene buenos lugares para comer. Aquí también encontrará una amplia sección de arte, artesanías y recuerdos, incluyendo muy buena ropa: blusas campesinas bordadas, vestidos de estampados coloridos, chales, playeras y amplios pantalones de algodón. Hay una sección que ofrece servicios eclécticos: reparaciones de zapatos y relojes, piñatas y productos para fiestas, cerrajeros, escribanos, joyeros, papelerías, así como esos puestos de ropa barata, productos de plástico y demás basura importada, que desgraciadamente parece multiplicarse y encontrarse en todos lados.
Es en realidad como un supermercado, como un centro comercial, sólo que sin las música grabada de fondo, dónde se puede comprar unas sandalias, un sombrero, una silla de montar o medicina para su cabra enferma. Cada uno de nosotros tiene su puesto de jugos favorito, o un lugar favorito para comer sopes, y las vendedoras predilectas de pescado, pollo y verduras. Tal vez el mercado no sea el lugar más eficiente para realizar las compras, pero es una experiencia rica y muy satisfactoria. Ir de compras implica interacciones significativas entre humanos y se vuelve parte de un ritual ajeno al tiempo.
Sorprendentemente, nuestro mercado local está muy bien abastecido y siempre guarda unas cuantas sorpresas: ¿Esa es hierba limón? ¿Ya probó los hongos shitake? Esta semana tenemos espárragos.
Siempre que visito una ciudad nueva, el mercado es un punto a visitar. Cada uno refleja las distintas características de su comunidad. Si visita la ciudad de Oaxaca, tendrá la oportunidad de explorar un mercado diferente e interesante cada día de la semana.
La variedad de productos es mayor mientras más cerca se esté de la ciudad, pero incluso dentro de los Valles Centrales hay diferencias regionales demográficas y de productos. Por ejemplo, en el mercado de Tlacolula, los domingos, encontrará más mezcal y tapetes tejidos. En el mercado de Etla, los miércoles, encontrará más productos lácteos.
En Mitla hay ropa regional; alfombras tejidas en Teotitlán y Santa Ana del Valle. En el Valle de Ocotlán hay figuras de barro; bordados finos en Ocotlán y San Antonino: cinturones y fajas de algodón tejidos a mano en Santo Tomás Jalietza. Aun más cerca de la ciudad se encuentran San Bartolo Coyotepec con su famoso barro negro, Atzompa y sus esmaltes verdes y de terracota, y Arrazola, de fama mundial por sus fantasmagóricos animales de madera tallados a mano, conocidos como alebrijes. Y esto es solo para empezar.

